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Primer Guerra Mundial, dinero de emergencia

10 de febrero, 2017

Primer Guerra Mundial, dinero de emergencia

Para un español no es difícil comprender a qué se refiere la expresión "dinero de emergencia", ya que durante la Guerra Civil proliferaron los emisores de papel moneda a lo largo y ancho de la geografía española, fundamentalmente en el bando republicano, donde el poder político, militar y económico se encontraba profundamente descentralizado.

Este fenómeno no era otra cosa que la secuela de algo que ya había tenido lugar en Europa apenas 20 años antes, durante la Primera Guerra Mundial. A lo largo del conflicto, la escasez de metales, destinados fundamentalmente a la fabricación de material de guerra, así como la dificultad para emitir monedas en oro, plata, cobre y níquel, forzaron a los países en liza a emitir bonos o "billetes de emergencia".

Financiación de urgencia

Como su propio nombre indica, estas emisiones trataban de financiar las sufridas arcas estatales, en las que la dureza de la guerra causó verdaderos estragos. La mayoría de los países en litigio, desde Austria hasta Francia, pasando por Bélgica, Rusia e Italia, emitieron ‘billetes de emergencia’, aunque destaca por sus increíbles proporciones el caso alemán.

Conocidos como "Notgelds", los "billetes de emergencia" de Alemania nacieron en 1914 y apenas dos años después ya habían suplido completamente a las monedas de cobre, que prácticamente desaparecieron del mercado.

Al principio, la población era reacia a unos billetes de los que prácticamente no se conocía ni su valor real, razón por la que se empezaron a incluir diseños llamativos, para hacerlos más atractivos. Un fenómeno que provocó que un mismo billete contara con la misma imagen en el anverso y con hasta seis o siete reversos distintos.

Los ‘Grossgeld’

El fin de la Gran Guerra no frenó la proliferación de emisiones en Alemania. Muy al contrario, la crisis económica y la hiperinflación posteriores –que se prolongaron hasta 1924- dieron lugar a la aparición de los ‘Grossgeld’, grandes billetes cuya validez solía reducirse a un municipio y a un periodo de tiempo determinado.

Tan precaria llegó a ser la situación que el Reichbank no tuvo más remedio que aceptar las emisiones realizadas por múltiples fábricas, siempre y cuando respetaran unas normas de seguridad básicas. Pese a ello, llegaron a aparecer billetes de localidades que sólo existían en la imaginación de estos improvisados banqueros.

Como nota curiosa, conviene destacar que no sólo se fabricaron ‘billetes de emergencia’ en papel. También los hubo de lino, seda y cuero; mientras que para las monedas se tuvo que recurrir al zinc, el níquel, el hierro, el carbón, la porcelana e incluso la cerámica.