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En el Antiguo Egipto las madres de familia tenían un conocimiento profundo de la ciencia de los amuletos , que utilizaban para poner a sus hijos al abrigo de peligros, tanto reales (las picaduras de escorpiones o serpientes), como externos (los demonios malignos).
Estos amuletos no sólo protegían sino que también ejercían una influencia positiva, atrayendo la buena suerte o el amor, la salud, el trabajo y el éxito a sus seres queridos.
En la Baja Época, los amuletos proliferaron, principalmente por la oleada de una clase de magia cada vez más popular e ingenua, y en realidad cada vez más alejada de sus raíces.
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