Fue un amuleto de vida y poder, con forma de escarabajo pelotero, que representaba al Sol naciente (Jepri), y era símbolo de la resurrección en la mitología egipcia.
En vida proporcionaba protección contra el mal, visible o invisible, dando diariamente fuerza y poder. En la muerte, quien lo portaba adquiría la posibilidad de resucitar y alcanzar la vida eterna.
Antiguamente se creía que el escarabajo era solamente de género masculino y que se reproducía depositando el semen en una bola de estiércol. La supuesta auto-reproducción del escarabajo lo asemejaban a Jepri, que se creó a sí mismo de la nada.