
Litografía de Dalí
A su llegada a Madrid, Salvador Dalí se alojará en la Residencia de Estudiantes, un pensionado para jóvenes de buena familia frecuentado por hijos de la burguesía española. Allí conocerá al poeta Federico García Lorca y al futuro director de cine Luis Buñuel, con los que establecerá relaciones de amistad y colaboración.
En la Residencia tenían lugar a menudo conferencias de escritores, compositores y pintores y los estudiantes tenían así ocasión de conocerlos y hablar con ellos. Se conoce también un pequeño retrato a lápiz del compositor Manuel de Falla, realizado por Dalí en el transcurso de uno de estos encuentros.
A su llegada a la residencia, el joven artista hace una vida casi ascética: permanece retirado, no habla con nadie y sale casi únicamente para ir a la Academia de las Artes de San Fernando o al Museo del Prado. El resto del tiempo lo pasa encerrado en su habitación trabajando en sus cuadros.
En la Residencia de Estudiantes
Los compañeros de Residencia de Dalí lo miran con curiosidad, sorprendidos por su atavío extravagante y su pose de dandi, y es por pura casualidad como otro de los jóvenes residentes, Pepín Bello, descubre que los cuadros de aquel excéntrico pensionista son cubistas (Dalí contará que en aquella época fue influido por los cuadros de Juan Gris).
El cubismo se tiene por la última frontera de la vanguardia, ignorado por la Academia e idóneo para expresar los sentimientos ‘snobs’, anarcoides y revolucionarios de aquellos jóvenes. Dalí se convierte así en objeto de entusiasta admiración y Lorca, que primero se contaba entre los que le tomaban el pelo por su excentricidad, se enamorará de él.
De ser objeto de burla, Dalí pasa a constituir la figura que da torno al grupo y participa activamente en las salidas nocturnas que tienen como meta los locales a la moda de la capital madrileña.
Algunas enemistades
La Academia de San Fernando no satisfizo, desde luego, las expectativas de Dalí; antes bien, lo decepcionó profundamente. Le pareció que los profesores no estaban a la altura de su tarea y que algunos eran francamente ignorantes.
Tampoco a sus compañeros de entonces muestra tenerlos en gran estima. Dice en su ‘Vida secreta’: “Paradójicamente, aunque yo estaba entonces en Madrid sólo para hacer pintura cubista, esperaba de mis profesores la ciencia exacta del dibujo, el color y la perspectiva. Mis compañeros me consideraban por ello un reaccionario enemigo del progreso (…)”.