
Litografía de Miró
Joan Miró nace el 20 de abril de 1893 en Barcelona, en una casa del Passatge del Crédit. Su padre es orfebre y relojero y su madre es hija de un ebanista de Palma de Mallorca. Su infancia transcurre en Barcelona, Montroig, donde sus padres habrían comprado una masía, y Palma.
En la formación del artista es muy importante considerar su procedencia; los aspectos de su carácter sólo son explicables teniendo en cuenta su origen catalán, por lo demás siempre reivindicados por el artista. Se puede decir que la identidad regional fue un elemento de certidumbre en un momento de gran inestabilidad política y cultural.
En el cambio de siglo, España atravesaba una época de gran transición e inestabilidad. Con la guerra de Cuba contra Estados Unidos, la destrucción de la flota naval y la pérdida de la isla, así como de Puerto Rico y Filipinas, en 1898, la conciencia nacional había sufrido un duro golpe.
La burguesía media empezaba a darse cuenta de que España y a no era una gran potencia. Especialmente en los ambientes intelectuales empezó a percibirse un descontento por la corrupción de un gobierno que miraba a sus propios intereses y quería restablecer una situación ya anacrónica.
De origen acomodado
Las exigencias de renovación a nivel político-cultural se hicieron cada vez más apremiantes: en Cataluña había un clima general a favor de Francia y ello contribuyó a llevar a España artistas y bienestar, además de las ideas más nuevas que circulaban por tierras europeas.
Sin duda, la identidad nacional debilitada y fragmentada en diversas realidades locales creaba ulteriores dificultades para un renacimiento cultural. Esta situación se agravará con la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil Española y, finalmente, la Segunda Guerra Mundial.
Miró crece en esta realidad, en el seno de una familia acomodada, en la que el elemento catalán es acogido de inmediato como imprescindible. Su sensibilidad, su natural inclinación a lo visionario y romántico es otro de los elementos presentes en él desde la infancia.
Su gran telescopio
A Miró le encanta mirar los cambiantes colores del cielo, observa la campiña circundante y pasa mucho tiempo dibujando a solar. Con el telescopio de su padre, un apasionado de la astronomía, contempla las estrellas al atardecer, el mismo telescopio que destacará sobre su trípode mucho tiempo después, a finales de los 50, en la terraza de su estudio de Son Abrines.
Todo esto contrasta con la personalidad pragmática de la familia y en especial de su padre; los progenitores de Miró tienen una pobre opinión de la pintura.