
Obra de Guinovart
Desarrollar las principales características de la obra de Josep Guinovart llevaría demasiado lejos. Por ello, es preciso enfrentarse a las obras concretas, una a una, siempre que sea posible.
Relacionar las pinturas, dibujos, esculturas, murales, decorados y figurines teatrales, ilustraciones para libros y revistas, grabados, litografías, serigrafías, tapices, grandes montajes, obras cada vez más inclasificables, pero cuyos antecedentes resultan también más claros.
Guinovart ha estado décadas trabajando, destruyendo su lenguaje constantemente, y la libertad que ha conseguido le sirve para recoger aquellos hilos del principio; asumir toda su obra, año tras año, y dárnosla hecha presente.
Cada obra suya es única
En cierto modo, no existe solución de continuidad entre sus sucesivas etapas. Hacia 1948, y luego a partir de 1954, a la vuelta de su primer viaje a París, las pinturas no aspiran a ser perfectas, autosuficientes.
Casi podría decirse que lo único que le importa en este sentido a Guinovart es el proceso general, y que cada obra concreta es el resultado de un corte de ese río continuo.
El artista de esa época, y Guinovart lo es plenamente, está necesariamente insatisfecho. Los puentes con la comunidad están cortados. Él está solo, frente a su obra: frente al lienzo en blanco, ante el espacio vacío. Trata de destruir ese lienzo, ese espacio. Una y otra vez. Picasso ha encarnado personal y míticamente este espíritu de destrucción.
Un proceso de destrucción y construcción
Es el escorpión encerrado en el círculo de fuego. El arte no es el placer eterno que quería Kyats, sino fragmento, proyecto, sobre todo proyecto. Vivimos peligrosamente en el futuro, y el presente se nos escapa. Guinovart no trata de evitarlo: su única posibilidad, como artista creador, es precisamente realizar su obra atravesando estos condicionamientos.
Su obra es una arquitectura que destruye para volverla a construir, de otro modo. Con esta transformación constante, encarnando la acción del tiempo, y en cierto sentido anulándola, nos pone al descubierto sus raíces, los orígenes. Ahora, esto es del todo evidente.
Contemplar el desarrollo en el tiempo de su producción nos permite verlo todo, no ya en función del presente, sino como parte de él mismo. Esto, que evidentemente puede llevar a equívoco sobre la existenciade las obras anteriores como tales creaciones independientes, nos permite comprender mejor el conjunto de la extraordinaria obra de Josep Guinovart i Bertran, un artista que supone una de las máximas representaciones de la fusión entre el arte y la absoluta libertad.